lunes, 8 de junio de 2015

Una manchita no basta para tirar unos pantalones

Os voy a contar un cuento.
Un cuento sobre cómo la mitad de mis pantalones quedaron inutilizables por culpa de las manchas de tinta. Un cuento de ''Se me han vuelto a perder las pinzas''. Un cuento de ''Por el ruido que hace, cualquiera diría que el tórculo está poseído''. Un cuento de ''Parece que ha salido biennnnnntiene una manchita, maldita sea mi estampa''. Ése cuento voy a contar, y cualquiera que sepa qué es el grabado sabrá de lo que le estoy hablando.
Resulta que tallar madera hace daño en las manos, y si es un trabajo de precisión, más. Resulta que si calientas el linóleo da hasta gusto tallar. Resulta que el ruido de la punta seca sobre el metacrilato da mucha, mucha, mucha grima. Resulta que tallar una contrafibra es una muerte lenta y dolorosa. Resulta te vas a pasar más tiempo limpiando la tinta de los cristales que entintando.
Han sido cuatro meses de porquería bajo las uñas y quedarse hasta las tres de la mañana tallando, pero ha valido tanto la pena.....

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